Recurso | Almir M. Marroni

Cómo costearse una educación adventista:

Oportunidades en el evangelismo de las publicaciones

El año estaba a punto de terminar y muchos estudiantes del Colegio Adventista de Brasil1 planeaban incorporarse al programa de evangelismo a través de la distribución de publicaciones durante el verano. Durante semanas, las conversaciones entre mis compañeros de habitación se centraron en el dilema de quedarse a trabajar en el colegio o afrontar el riesgo de salir a vender libros sin ninguna seguridad del resultado.

Me sentí fuertemente impulsado a ir. Había leído sobre la labor editorial de la iglesia y me sentí impresionado por el Espíritu Santo para enlistarme en ese ejército de trabajadores. Curiosamente, no fui reclutado, ya que ningún líder me extendió una invitación. Tuve que tomar la iniciativa de buscar un espacio en uno de los equipos que se estaban formando. Los equipos de estudiantes de evangelismo a través de la distribución de publicaciones fueron organizados por los directores de publicaciones de la Unión y las Asociaciones con la ayuda de los estudiantes, a quienes, basándonse en su experiencia previa de éxito en el colportaje, se les asignó como líderes de equipo. ¿Por qué equipos? Los equipos facilitaban la supervisión, la formación, la asistencia y la motivación. Además, a los jóvenes les enctantaba trabajar en equipo.

De entre varios equipos, elegí al líder en el que más confiaba. Hablé con él, pero mi iniciativa fue frustrada con la excusa de que ya no tenía lugares disponibles en su equipo. Me recomendó que hablara con otros líderes, cosa que hice sin éxito. Todos me dieron la misma respuesta, “El equipo ya está completo”. Pronto me di cuenta de que había una verdad oculta tras las respuestas comunes.

Me consideraban un estudiante privilegiado. Me crié en una familia de clase media y no tenía que preocuparme de trabajar para pagarme los estudios. Me di cuenta de que nadie creía que un estudiante pudiera “sufrir sangre y sudor en el colportaje” si no necesitaba recaudar dinero para pagarse la matrícula universitaria. Así que tuve que cambiar mi enfoque para tener una oportunidad.

Regresé con el primer líder, en el que más confiaba, y lo encontré fuera del edificio de aulas. Me acerqué y le dije, “mis padres ya saben que este año no viajaré de vacaciones con ellos y ni siquiera pasaré las Navidades con mi familia. Entonces, ¿cuándo nos vamos a nuestro campo de colportaje?”

Un poco confundido con mi táctica y sin tener elección, me contestó, “el 2 de diciembre”. Al oír lo que quería, me despedí y entré en el edificio.

El colportaje sería un gran reto. Yo era tímido y miedoso, y me resultaba difícil acercarme a desconocidos. Antes de que empezara el trabajo de verdad, tendría que practicar la presentación de ventas con mis compañeros. Me puse nervioso y empecé a sudar y a temblar. Todos se rieron cuando el libro se me resbaló de las manos y cayó al suelo. Fracasar delante de todos mis compañeros fue muy vergonzoso. A la mañana siguiente, salí al campo llevando conmigo la incredulidad de mis líderes y compañeros de colportaje que pensaban, “Este hijo de papi no logrará nada”.

Pero, para sorpresa de todos, me tomé la oportunidad en serio. Después de toda una mañana sin éxito, Dios me regaló mi primera venta: una colección completa de libros a una joven madre de dos niños pequeños. Antes de comprar la colección, me preguntó, “¿Estás seguro de que estos libros me ayudarán a criar a mis hijos como hijos de Dios?”

“Por supuesto”, le dije.

Desde esa primera colección de libros, sentí que Dios me había llamado para ese trabajo, y lo hice con todas mis fuerzas y con total dependencia de él.

El trabajo de ir puerta por puerta se convirtió en una segunda escuela para mí, donde aprendí muchas lecciones. Oré como nunca. Me sentía pequeño, pero Dios estaba conmigo. Cada día tenía la oportunidad de compartir las buenas nuevas sobre Jesús, orar con los clientes y desarrollar el arte de la persuasión. Aunque experimenté dolor y desafíos, por la gracia de Dios, los resultados fueron asombrosos. Después de dos meses, regresé a casa con un cheque por el equivalente a casi dos años de matrícula como estudiante interno.

Continué colportando durante las vacaciones de verano e invierno hasta que terminé mis estudios. Esta actividad fue una escuela práctica que me cambió la vida. Aunque no tenía ni idea de la importancia de lo que estaba ocurriendo en mi vida, Dios me estaba preparando para servir en el ministerio de las publicaciones. La idea de que pertenecía a un ejército de miles de jóvees me motivó con un sentido de significado y propósito. En aquella época me enteré de que a lo largo de la historia, el trabajo del colportaje había desempeñado un papel vital para cimentar y fortalecer la fe de los jóvenes cristianos, que contribuían poderosamente a la misión evangélica.

La obra del colportaje y la educación cristiana

A lo largo de los siglos, la labor del colportaje y la educación cristiana han colaborado en la formación y el desarrollo de los jóvenes para servir a Dios. Mucho antes de que comenzara el movimiento adventista, los alumnos de las escuelas cristianas ya compartían su fe vendiendo literatura.

En las comunidades valdenses de Europa, los jóvenes se formaban mediante una combinación de actividades en el aula y la experiencia de compartir su fe en las ciudades. “Tenían centros educativos donde los jóvenes transcribían porciones de la Biblia, que luego salían a difundir por las ciudades. Era un requisito que aquellos que querían ser ministros pasaran tres años recorriendo territorios extranjeros”.2 Más tarde, durante los años de la Reforma, se formó a estudiantes colportores para que difundieran los libros de Lutero a la vez que ganaban fondos para pagar sus estudios.3

A principios del siglo xx, las escuelas adventistas de Norteamérica establecieron un plan para animar a los alumnos a vender las publicaciones durante los meses de verano. Una venta de cierta cantidad permitiría a los alumnos asistir a la escuela durante el año. En 1906, Union College, en Nebraska, estableció el primer plan de becas para estudiantes colportores.4

Elena de White aún vivía cuando los estudiantes, llamados “colportores”, comenzaron la obra del ministerio puerta a puerta. Ofreció consejo, ánimo y una lista de beneficios que los jóvenes obtendrían al inscribirse en este programa. Consideraba el trabajo del colportaje como una experiencia de aprendizaje, llena de oportunidades para compartir el amor de Dios a través del testimonio personal (véase El Colportor Evangélico, capítulo 5).5

Los estudiantes colportores conocen a diario a docenas de personas, muchas de las cuales afrontan pruebas y desafíos espirituales. Necesitan oraciones, amabilidad y esperanza. Gracias a la influencia de estudiantes cristianos, muchas personas solicitan estudios bíblicos y acaban asistiendo a la iglesia y pidiendo el bautismo. Así pues, la campaña es una bendición tanto para los estudiantes como para las personas con las que entran en contacto.

Los estudiantes colportores en la actualidad

Los informes de las Divisiones mundiales muestran que más de 20,000 jóvenes participan cada año en las campañas adventistas de evangelismo a través de las publicaciones.6 El programa del colportaje estudiantil está activo en todos los continentes con excelentes resultados, pero implica mucho más que cifras de ventas. Es emocionante saber que cada año este ejército de estudiantes se encuentra cara a cara con más de cinco millones de personas. ¿Puede imaginarse el impacto de estos jóvenes cristianos en personas dolidas, desanimadas, que buscan un sentido a sus vidas o que buscan una relación personal con Dios? Se ofrecen miles de oraciones y se distribuyen millones de libros llenos de verdad. Sólo en la eternidad se revelarán los resultados de este ministerio.

Tanto durante la pandemia como después, el colportaje ha seguido prosperando.7 Muchos estudiantes aceptaron el reto de vender libros cuando la gente necesitaba especialmente un mensaje de esperanza. En la mayoría de los países, fue posible reanudar el trabajo puerta a puerta tras seguir los protocolos sanitarios.

Como líder de publicaciones, he conocido a miles de jóvenes que aspiran a un futuro mejor y la oportunidad de matricularse en una escuela o universidad adventista. La mayoría de ellos lucha contra la falta de recursos económicos para seguir una educación cristiana. He tenido el privilegio de reclutar, capacitar y ministrar a jóvenes comprometidos que, a pesar de una variedad de desafíos, aceptan el llamado de Dios al servicio. Muchos dicen que el colportaje ha sido una de las experiencias más gratificantes y enriquecedoras que han vivido. Desarrollaron habilidades sociales, aprendieron disciplina y, por encima de todo, experimentaron el poder de Dios que realizó milagros para cubrir sus necesidades diarias.

Muchos jóvenes adventistas tienen una visión de servicio. Sueñan con prepararse no solo para una carrera profesional, sino para ejercer su profesión en un marco misionero. Al reconocer el papel del colportaje en el desarrollo y crecimiento espiritual de los estudiantes, los maestros y administradores educativos deberían animarlos a dedicar al menos un verano al colportaje. Una experiencia así fortalecerá su relación con Dios, motivará su compromiso con el servicio y les enseñará muchas otras lecciones valiosas e inolvidables.

El colportaje permite a los adolescentes y jóvenes adultos servir y sentirse útiles. Ayuda a crear un sentido de propósito en la vida. Alabamos a Dios por los jóvenes de todo el mundo que han participado en las campañas de colportaje y oramos para que muchos otros acepten el llamado a unirse a este poderoso ejército y aprovechen las oportunidades de cubrir sus gastos de estudios al continuar su educación adventista.

Almir M. Marroni

Almir M. Marroni, MA, es director del departamento de publicaciones de la Asociación General en Silver Spring, Maryland, EE. UU. Anteriormente fue Vicepresidente de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día en Brasilia, Brasil. En 1982, completó sus estudios de teología en la Universidad Adventista de Brasil (Sao Paulo, Brasil) y ha servido a la Iglesia Adventista durante más de 40 años. Durante 36 de estos años, se desempeñó como director del departamento de publicaciones de Asociación, Unión y División.

Citación recomendada:

Almir Marroni, “Cómo costearse una educación adventista: Oportunidades en el evangelismo de las publicaciones,” Revista de Educación Adventista 84:4 (2022).

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. El Colegio Adventista de Brasil en Sao Paulo es ahora la Universidad Adventista de Brasil. Véase https://encyclopedia.adventist.org/article?id=8GGU.
  2. Nicolás Chaij, El Colportor De Éxito (Florida Oeste, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1985), 23.
  3. Ibid., 26.
  4. Richard W. Schwarz, Light Bearers to the Remnant (Mountain View, Calif.: Pacific Press, 1979), 350.
  5. Elena G. de White, El Colportor Evangélico (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1999).
  6. Información respaldada por los informes trimestrales presentados por las Divisiones mundiales al Departamento de Publicaciones de la Asociación General.
  7. Ibid.